23 de octubre de 2009

¿Qué tan cerca?


“Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida (porque la vida fue manifestada, y la hemos visto, y testificamos, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos manifestó); lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos…”
1 Juan 1:1-3.



El cristianismo está lejos de ser una religión de rituales y tradiciones.

El mensaje de Jesús va más allá. No es para mantener ocupado al hombre los días domingos.

El cristianismo no se hereda. Asistir regularmente a la iglesia puede hacer acallar la voz de la culpa en las conciencias, pero no dará vida. Se puede estar cerca de la iglesia, sus rituales, su tradición, pero lejos de Cristo.

Es la cercanía con Jesucristo lo que da vida.


La experiencia personal

San Juan enfatiza la idea de que es la experiencia personal la que certifica la autenticidad del testigo. “hemos oído, hemos visto, hemos contemplado, palparon nuestras manos”.

Juan tuvo una experiencia personal con Jesucristo, su cercanía lo transformó y desde ahí testifica y anuncia el mensaje. No es desde comentarios o experiencias de terceros, rituales aprendidos y tradiciones familiares heredadas, que el construye su vida espiritual.

Es esa experiencia personal la que da significado a lo que puede ser un ritual cristiano, o convertirse en un ritual. Participar de las reuniones cristianas, leer la Biblia, orar etc. pueden transformarse en meros rituales sin sentido si antes no son calados por la experiencia personal de haber dejado a Jesús tocar nuestro espíritu.


El testigo


Si usted no estuvo en la escena, no escuchó, no vio, no contempló ni palpó…entonces, usted no sirve para testificar. Parece una obviedad, pero la realidad muestra que hay quienes pretenden constituirse en testigos de algo que no han presenciado.

Testigos falsos, que no estuvieron cerca, que su experiencia son solo rituales heredados.

Es claro que no podremos tener la misma experiencia que tuviera san Juan, dado que él habla de oír, ver, contemplar y palpar al Señor estando junto a él, mientras Jesús estuvo físicamente entre nosotros.

Nuestra experiencia parte de la realidad espiritual. De la verdad de la Biblia a nuestro entendimiento, del Espíritu de Dios a nuestro espíritu.


El anuncio


La experiencia personal, esa cercanía con Cristo, no solo es necesaria para el bien del creyente, para constituirlo en un testigo veraz, sino también para anunciar.

Se anuncia partiendo desde la experiencia personal, pues es desde ahí que el anuncio adquiere el poder necesario para transformar vidas. No es un anuncio vacío si el anunciante lo experimentó personalmente.

La verdad de la palabra de Dios es poderosa y viva, más allá de los hombres que Jesus quiera usar para anunciarla. Pero muchas veces ese anuncio de poder, de vida, de salvación es desprestigiado por causa de anunciantes sin la experiencia personal de estar cerca de Cristo.


Más cerca

Hoy más que nunca, el cristianismo necesita de testigos verdaderos, de vidas que experimenten a ese Jesús en su diario vivir.
Entonces el anuncio del mensaje de Cristo cambiará más vidas, libertará a oprimidos y sanará corazones quebrantados.
Si sigo sin cambiar, oprimido y con heridas en el corazón, cabe preguntar :
¿Qué tan cerca estoy de Cristo?

6 de octubre de 2009

Entre la fragilidad y la eternidad


"Dijo entonces Jesús a los doce: ¿queréis acaso iros también vosotros?
Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna."
San Juan 6:68



El pastor abrazaba a mi primo. Estábamos todos frente al ataúd de mi tía.
Ella falleció al instante en un accidente. Yo Tenía la biblia en la mano.
Leí Juan 14:1 -3.

"No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mi. En la casa de mi Padre muchas moradas hay (...) voy pues a preparar lugar para vosotros".

Y el pastor enfatizo varias veces que:
"ella ahora está en un lugar mejor".

Fragilidad
Desde que decidí creer en Jesucristo, con ello también decidí creer en su mensaje.
Hay una realidad mas allá de la que vemos. Hay un cielo, hay un infierno.
Después de tantos años de creyente, es fácil para mí aceptar la idea de eternidad.
Pero no pude evitar pensar, mientras el pastor hablaba, en los que no creían.
Uno de los momentos en que la realidad nos golpea con fuerza, es cuando vemos llegar la muerte.
Un ser querido se va, está en el hospital, sufre etc.
Todas señales de una verdad inmutable: somos frágiles.
Nadie escapa a esa fragilidad. Ricos y pobres, blancos y negros, chicos y grandes, cultos e ignorantes.Todos somos frágiles.
Es esa condición de fragilidad la que nos hace conscientes de Dios, la que debiera llevarnos a un cambio.
Buscar en Dios las respuestas.
Eternidad
Alguien me dijo una vez: "Dios es una muleta que te sostiene, nada más".
La historia dice lo contrario.
La resurrección de Jesús sigue tan vigente y poderosa, mostrándose contundentemente veraz.
Jesucristo venció a la muerte.
Nadie tiene palabras de verdad como Jesús.
En algún momento de la vida uno debe aceptar o rechazar ese hecho.
Es triste ver hoy, un cristianismo muy terrenal.
Un cristianismo que proclama solo prosperidad, solo la sanidad, solo la autorrealización.
No es que Cristo no provea esas cosas, sino que no es solamente eso.
Una vida centrada en lo terrenal, se verá un día sorprendida por la llegada inesperada de la eternidad, sin saber qué hacer.
Una vida sin la perspectiva de lo eterno, se encontrara al final dando se cuenta que vivió con los propósitos equivocados.
Las diferentes dificultades de la vida pueden hacernos dudar de seguir a Cristo.
Pero, al pensar detenidamente solo quedara una reflexión:
"... ¿a quién iremos?, tu (Jesús) tienes palabras de vida eterna."